El circuito de Alta Montaña de Mendoza: guía práctica para disfrutar el recorrido

Explora el circuito de Alta Montaña en Mendoza, con paradas clave como Uspallata, Puente del Inca, Las Cuevas y Cristo Redentor, y conoce tiempos y consejos para recorrerlo.

El circuito de Alta Montaña de Mendoza: guía práctica para disfrutar el recorrido mendozaverdoza.com.ar

El circuito de Alta Montaña en Mendoza es un recorrido imprescindible para quienes buscan paisajes impactantes y cultura ligada a la cordillera. Este trayecto une varios puntos emblemáticos, desde Uspallata hasta Cristo Redentor, cruzando sitios naturales y emblemáticos donde la historia y la naturaleza se combinan.

El punto de partida habitual es la ciudad de Mendoza, desde donde se toma la Ruta Nacional 7 en dirección oeste. El trayecto completo suele tomar entre 8 a 10 horas, incluyendo paradas, por lo que se recomienda salir temprano para aprovechar al máximo el día y evitar conducir con pocas horas de luz. El recorrido pasa por Uspallata, un pueblo de montaña que marca el inicio de los paisajes cordilleranos con sus valles y cerros. Uspallata cuenta con lugares para desayunar y reponer energías antes de continuar.

Desde Uspallata, el siguiente destino es Puente del Inca, una formación natural de roca con colores intensos que sobresale sobre el río. Es conveniente dedicar al menos 30 minutos para caminar por el sitio y conocer su historia como zona de aguas termales utilizada desde la época colonial. También, en el lugar hay restaurantes básicos y puestos de venta de artesanías locales, ideales para una breve pausa.

Continuando hacia el oeste, se llega a Las Cuevas, la última localidad argentina antes del paso hacia Chile. Aquí la altitud comienza a aumentar de manera considerable, por lo que es aconsejable estar atento a los síntomas de mal de altura, como dolor de cabeza o cansancio. Las Cuevas es un punto clave para quienes quieran hacer caminatas cortas o visitar capillas históricas vinculadas al Viejo Camino del Inca.

Avanzando desde Las Cuevas, se encuentra el Cristo Redentor de los Andes, una imponente estatua que simboliza la paz entre Argentina y Chile. Está ubicado en el límite internacional y es uno de los lugares más fotografiados del recorrido. El acceso a esta zona depende de las condiciones climáticas y permisos fronterizos, por lo que vale la pena consultar el estado del paso antes de planificar la visita. En este punto, la altura supera los 3.000 metros, por lo que la aclimatación es importante.

Para organizar el tiempo, se recomienda reservar alrededor de una hora para la visita al Cristo Redentor y un mínimo de 20 minutos para detenerse en los miradores que brindan vistas panorámicas hacia las montañas. El circuito se completa regresando por la misma ruta hacia Mendoza, con la posibilidad de detenerse en otros miradores y pequeñas áreas de descanso que ofrecen una perspectiva distinta del paisaje.

Importante considerar que durante invierno la ruta puede estar parcialmente cerrada por la presencia de nieve, y algunos servicios podrían ser limitados. Es fundamental revisar el pronóstico del tiempo y el estado de la ruta en la dirección provincial de tránsito o en concesionarias locales.

Quienes viajen en vehículo propio deben asegurarse de que este se encuentre en condiciones óptimas para afrontar caminos de montaña, con frenos, neumáticos y sistema de calefacción adecuados. También es recomendable llevar agua, ropa abrigada y protector solar, ya que la radiación en altura es más intensa.

Este recorrido no solo ofrece paisajes naturales, sino que también permite conocer la cultura y la historia de las comunidades a lo largo del camino, desde antiguas poblaciones originarias hasta los hitos modernos que celebran la integración regional y la belleza natural de la cordillera.

Una regla práctica para decidir las paradas es priorizar el descanso cada 1 a 1,5 horas de manejo y evitar sobrepasar las 4 horas continuas de conducción en altura. Esto ayuda a prevenir la fatiga y posibles complicaciones por el mal de altura. Además, es aconsejable alternar la vista entre el camino y los panoramas para mantener la concentración y disfrutar el paisaje.